Visitar Sevilla supone para el viajero sumergirse en reminiscencias almohades y mudéjares, edificios religiosos con murillos y zurbaranes, patios blancos cuyas paredes reflejan el sol e iluminan con luz límpida las fuentes, callejuelas que aún guardan los secretos de los judíos que algún día las transitaron, tabernas centenarias donde donjuanes y cármenes, aún hoy, reviven una ciudad que, lejos de quedarse fosilizada bajo el peso de su mágica historia, brilla bajo los focos de la contemporaneidad.

En el primer día, no debes perderte los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Dedica la mañana a visitar la Catedral gótica de planta de mayor tamaño del mundo, subir la Giralda y visitar el Real Alcázar, el palacio real habitable más antiguo de Europa.

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Por la tarde te proponemos que callejees por el Barrio de Santa Cruz hacia el Paseo de Catalina de Ribera para llegar a la Antigua Real Fábrica de Tabacos. Si continúas el paseo llegarás a la elíptica Plaza de España encuadrada en el Parque de María Luisa.

Para el segundo día, te recomendamos que por la mañana tu primera parada sea la Iglesia de la Magdalena, ejemplo paradigmático de arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Después del maravilloso conjunto, una buena opción es pasarse por el Museo de Bellas Artes, segunda pinacoteca de España donde podremos disfrutar de obras de grandes maestros de la pintura como El Greco, Velázquez, Murillo, Goya…

Tras la incursión artística, puedes perderte por el Barrio de Santa Cruz: allí te encontrarás con la emblemática antigua judería, uno de los barrios más pintorescos de la zona. El aire huele a naranjos y azahar, el agua corre, vagas por callejones estrechos… Verás los típicos patios andaluces cuajados de geranios que, sobre el encalado de los muros, parecen tener unos colores aún más saturados, señalando con su colorido diapasón nuestra marcha.

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Sevilla es un ciudad donde el arte traspasa los muros de los museos, impregnándolo todo. Pero no dejes de visitar el Museo Arqueológico, cerca del Parque de María Luisa y el Museo de Artes y Costumbres Populares, cuya maravillosa arquitectura mudéjar causa una viva impresión.

Este recorrido pretende ser una guía orientativa para visitar Sevilla, pero el encanto de la ciudad reside en curiosear y perderte por laberintos de callejuelas, y así descubrir plazas en silencio, lugares donde tapear o sitios como el callejón del Agua, la Plaza de Doña Elvira, etc.